Mi futuro soy yo porque solo yo puedo definirme sin errores. Alrededor las cosas cambian y se desvanecen, los edificios se derrumban y las calles cambian de dirección. Al final solo yo prevalezco. Nunca muero.
En el futuro, jamás estoy sola, sino conmigo misma. Los sueños que construyo existen gracias a mí y a mi esfuerzo. Fui yo la que se trazó esta dirección del destino. Mi vida está resuelta porque yo misma la resolví de esta manera. Tengo la llave de todas las jaulas en las que me encierre.
Cuando traicionaste mi afecto, pude huir de ti y seguir caminando. Cuando me dejaste, no me morí. Cuando me abrazaste sorpresivamente en el teatro, la intriga por tus palabras nunca me pudrió por dentro. Cuando falleciste, yo seguí existiendo en este mundo a pesar de que me negué a esa posibilidad. Cuando te amé, no perdí mi dirección ni mi esencia. Cuando me confesaste quién eras realmente, te seguí queriendo con la misma desesperación. Cuando te abandoné, mis emociones siempre fueron encaminadas en la misma ruta. Cuando tus sentimientos no fueron iguales a los míos, nuestra amistad y el universo no se derrumbaron. Cuando traicionaste mi confianza, las heridas de mis brazos sanaron. Cuando te besé, no me consumí por tu aroma ni por mi pánico. Cuando no estabas ahí, seguí luchando por mi propia cuenta. Siempre seguí existiendo y siempre fui la misma persona.
Y, a pesar de lo egoísta de mis declaraciones, esta es la carta de amor más bella que jamás pudiera escribirte. Una carta para toda la gente que llegó a mi vida de alguna manera. Porque te digo que no soy tuya, que nunca te pertenecí, te perteneceré o te pertenezco. Porque te digo que si estamos juntos ahora es porque luchamos cada día por hacerlo y porque creemos que merece la pena.
El hilo rojo del destino va de mi meñique izquierdo a mi meñique derecho. Estoy condenada a un compromiso eterno conmigo misma, para toda la vida. Al final, siempre seré yo la persona que he estado buscando y siempre me encaminaré en la dirección que deseaba.
Yo soy yo independientemente de que me rechaces o me aceptes. Vos también, aunque a ratos te dé por negarlo, siempre has sido y serás vos, sin importar quien te acompañe.
Nuestra vida, querido, no podemos echarla a perder tan fácilmente.
Vos y yo podemos caminar de la mano y dejar que nuestros hilos del destino se anuden entre sí y formen cadenas de recuerdos entrelazados. Cuando nos sentimos un poco aburridos del ahora, nadamos en esa piscina de artificios rojizos y así encontramos la fuerza para continuar. Sos mía y sos mío en esos instantes que ya nadie puede robarme, porque fuiste vos quién me los regalaste. No podrías quitarme todo lo que me has dado, ni aunque te empeñaras con todas tus fuerzas.
Vos y yo no estamos encadenados con nadie más que con nosotros mismos. Al final del hilo rojo, está nuestro verdadero destino. Por eso, tenemos que luchar y esforzarnos y no creer que todos están encadenados a nosotros.
No estás atado conmigo, es cierto, pero puedo sostener tu mano para conservarte. Si algún día nuestros dedos se deslizan hasta separarse, seguiré siendo yo y seguirás siendo vos. De todos modos, ya eras tu propio futuro, incluso antes de que nacieras.
No hay comentarios:
Publicar un comentario