sábado, 15 de marzo de 2014

Guionista [Autobiográfico]

Había jurado nunca volver a escribir un guion en mi vida y había comenzado a odiar la ficción con todo mi ser. En el curso de guion de radio no podía obtener más de un siete aunque mi vida dependiera de ello. Comencé a decepcionarme de mí misma y a aborrecer todo lo que escribía. Todo estaba mal y todo era erróneo. Dediqué mi mente a ideas que no podían importarme menos para lograr escribir algo medio decente y aprobar. Asesiné todo mi amor por los escritos.

Se pueden imaginar mi desesperación cuando vi en mi plan de estudios el siguiente curso: Teorías y Técnicas del Guion Televisivo. Ya mi autoestima estaba lo suficientemente mal como para tener que enfrentarme a otra experiencia que asesinara el poco de guionista que me quedaba. Por eso, en la primera clase lo dije: “no me gusta hacer guion y mi objetivo es pasar apenas.”

Pero ahí estaba ella y ella no iba a permitir que fuera a darle algo tan mediocre. Mi profe del curso de guion de tele se llama Laura Ávila Tacsan y tenía algo que nunca me había encontrado antes: amor y respeto por los guiones de otros.

Esta no es una historia de como me volví buena guionista porque eso no pasó y probablemente no pasará nunca. Esta es una historia de cómo volví a amar los guiones y de cómo me senté a escribir hasta el cansancio una historia solo porque alguien me dijo que lo intentara cien veces, aunque las cien veces estuviera mal.

“Ame su guion, cuente una historia que quiera contar, escribir es reescribir, piense en sus personajes, identifíquese con su historia, escriba cada semana, crezca como guionista.” Con cada una de sus frases me hizo pensar que quizá yo podía hacerlo y que quizá había una razón para sentarnos y contar nuestras historias.

Ahora, hay dos motivos principales por los que escribo esto. El primero es que todos mis asuntos relativos a ese curso ya finalizaron definitivamente (no es que ando persiguiendo una mejor nota ni nada por el estilo). El segundo es que a veces no nos tomamos un momento para decirle a alguien “gracias” por hacer una diferencia en nuestras vidas o por cambiar lo que pensábamos.

Probablemente no vaya a ganarme el Oscar a mejor guion, pero probablemente nunca más volveré a dejar que nadie me pisotee mi autoestima de guionista. Porque cada vez que creamos una historia le damos vida a algo ajeno a nosotros y esa vida no debería, por ningún motivo, tener sentimientos a medias.

Así que sí, seguiré escribiendo muchísimas más historias de ahora en adelante y algunos serán obligados a leerlas. Ya que, en el fondo, yo también amo los guiones y los relatos, por difíciles que sean.

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