sábado, 15 de marzo de 2014

¿Cómo se siente graduarse? [Autobiográfico]

Desde el fondo de mi corazón puedo decir que al graduarse no se siente nada. No voy a adornar con palabras hermosas la noche en vela que nunca tuve o las lágrimas que felicidad que no me bajaron por las mejillas, porque al menos yo puedo decir que graduarse no ocasiona ninguna felicidad en absoluto.

Felicidad es ver salir el sol por la ventana y saber que usted terminó ese trabajo de gráfica a tiempo. Felicidad es lo que sentí cuando me saqué un 70 en el curso que juraba iba a perder. Las lágrimas las derramé cuando el encargado de comunicación de una ONG no nos contestaba. Las noches en vela fueron pensando si mi compañero iba a terminar la parte que le asignamos. Las mariposas en el estómago fueron antes de la exposición más chiva que habíamos organizado.

En comparación con todo lo que pasé antes, graduarse se sintió como si nada. Este fue un asunto de camino más que de metas. Mi camino fue increíble. Acompañé a dos generaciones de Relacionistas Públicos. Con unos crecí, a otros los vi crecer. Con unos viví la desesperación de no saber nada, con los otros viví la tranquilidad de poder darles una respuesta. A ambos llegué como la desconocida amargada que nadie se soporta y de ambos me fui como la muchacha que siempre cumple con su parte y que tiene tanta dureza como bondad en el corazón.

Las carreras son caminos que nunca se terminan. Cada una es ese pequeño mundo en el que conoces personas maravillosas que saben vivir, saben reír, saben llorar, ser egoístas,ser bondadosos, desgraciados, amables, sarcásticos y generosos. Y cada uno de esos pequeños mundos se cree el mejor y el irrepetible, y de verdad lo son.

He pasado mi vida universitaria orbitando por tres mundos diferentes. Lo que en algunos resultaba mediocre, en otros era sinónimo de excelencia; lo que en algunos era lo más increíble, en los otros era ridículo. Así tenías que camuflarte y sonreír cuando la gente ajena te reconocía como la filóloga sin entenderlo; o como la productora sin comprender la dimensión de lo que te decían. Porque solo los productores sabemos lo es ser productor; solo un filólogo reconoce a un buen filólogo y solo un RP ama a un RP en todas las dimensiones posibles.

Esta semana me dieron un título que, según dicen, me hace más RP que cuando me sentaba con Juan y Mauricio en el Depa a pensar una estrategia de tres patitas. Juro que no me di cuenta de cuándo ni cómo pasó, pero acá estamos.

A todos los que he conocido en esos pequeños mundos les pido que los sigan construyendo y que extendamos puentes entre un lugar y otro para visitarnos. La vida es hermosa y nuestra vida ahora es, en gran medida, la carrera que elegimos; hagámosla hermosa también.

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