A veces siento que el tiempo se agota y me pregunto si los minutos que he usado servirán de algo al final.
Ese vacío tan grande que es la muerte no se puede siquiera imaginar. ¿Qué es no estar? ¿Cómo se siente el ya no poder percibir las lágrimas que resbalan por las mejillas? Si me fuera ahora, ¿cuál es la emoción que invadirá mi alma apagándose?
¿He reído y he llorado con qué objeto? ¿Acaso eso me ganará la inmortalidad?
Vivir es temer, cierto; también es confiar en que mañana nos levantaremos a hacer esas cosas que nos hacen olvidar nuestra cercanía con la muerte. Reír, comer, besar los labios de la persona que amamos.
Vivir es lo único que nos queda como humanos. ¿A quién se le ocurrió no darnos alternativa?
domingo, 16 de marzo de 2014
sábado, 15 de marzo de 2014
Adiós, quemador de esencia [Autobiográfico]
Hoy en la noche, mientras caminaba en medio de la típica lluvia coronadeña, la delgada bolsa de papel de Korrongo no resistió más y se partió para dejar caer al piso mi quemador, mis esencias y mi paquete de velas recién comprado. Todo Coronado volvió a ver y una gente vino a ayudarme a juntar todo.
Pero, en ese momento, yo estaba a dos minutos de perder el bus de las 7. Entonces, simplemente me agaché, recogí el paquete de velas y las dos esencias que habían quedado intactas y seguí mi camino mientras le aseguraba a la gente que dejaran todo ahí y no se preocuparan.
Cuando ya estaba en la parada, me puse a analizar un momento todo eso. "Claro, este es el tipo de persona que soy", fue lo que pensé. Soy el tipo de persona que cuando algo se rompe, recoge lo que se puede salvar y sigue su camino tan rápido como puede, sin dejar que nadie la ayude ni se preocupe por ella. Hay muchas formas de llamar esa característica, pero a mí me gusta llamarla determinación y, definitivamente, es de lo que menos carezco.
Promesas [Microrelato]
Nosotros solo queríamos tomarnos de las manos y caminar juntos bajo la lluvia; casarnos en una iglesia modesta y construir una casa sobre la colina, desde donde se pudiera respirar el aroma de las flores plantadas por Kana; tener tres hijos, jugar con ellos, amarlos, educarlos y verlos partir lejos. Nosotros solo queríamos llegar a ser ancianos y sentarnos en las mecedoras del corredor tomados de la mano; morirnos de viejos, juntos, mientras nos mirábamos a los ojos, porque la mirada es lo único que no cambia nunca.
Pero en lugar de eso, ¿qué obtuvimos? Una muerte horrible y una agonía inimaginable. En lugar del amor más profundo, alcanzamos la desesperación más agonizante. Y por eso, llegamos a esto. La vida nos miró a la cara y nos escupió en el rostro. La vida se burló de nuestras aspiraciones y se impuso como nuestra dueña. Por eso, ¿qué necesidad tenemos de obedecerla? Porque ella nos humilló primero, es que nosotros la traicionamos de esta manera.
Multilingüismo [Ensayo]
El filósofo Roland Barthes dijo, en su Lección Inaugural: “El lenguaje es una legislación, la lengua es su código. No vemos el poder que hay en la lengua porque olvidamos que toda lengua es una clasificación y que toda clasificación es opresiva” (Barthes, 2003, p. 2).
El mundo, tal y como lo conocemos, está hecho de palabras. Cualquier idea de cambio y revolución debe empezar precisamente como eso, como una idea. Y una idea la expresamos a través de una frase, una frase hecha de palabras, palabras que pronunciamos en una lengua.
Por tanto, es claro que la lengua significa. Básicamente lo significa todo. Cualquier deseo o sueño que queramos expresar, lo materializamos a través de una palabra. Incluso los sentimientos más complejos se articulan en nuestra boca o en nuestros pensamientos. Amor, odio, temor, felicidad, paz ¿Qué son realmente? Son lenguaje.
Una lengua es por tanto una forma de ver el mundo. Por eso, es tan complicado transmitir con precisión todos nuestros pensamientos a otro lenguaje, porque hay algo de nuestra cultura atrapado en esas palabras. Nuestra lengua es el alma de todo lo que expresamos.
Por eso, cuando la lengua de un pueblo se extingue, desaparece también su forma de pensar y entender el mundo. Un trozo de humanidad se desvanece.
El informe del departamento de Educación indígena del Ministerio de Educación Pública señala que actualmente existen en Costa Rica siete lenguas indígenas: bribri, cabécar, guaymí, malecu, guatuso, boruca y térraba. (Rojas, pp. 2) Siete lenguas diferentes dentro de un mismo país, siete formas de ver el mundo.
En el transcurso de este año, he estado estudiando la lengua bribri. Es la lengua de un pueblo indígena ubicado en dos regiones al sur de Costa Rica: Talamanca, en la provincia de Limón y Buenos Aires, en la provincia de Puntarenas. (Margery, 2005, p. xiv)
No existe una única manera de hablar el bribri, ni de escribirlo. Las diferentes regiones tienen sus propios dialectos, e incluso palabras completamente diferentes. La escritura fue diseñada para el estudio de la lengua y muchas veces existen diferencias entre la escritura y la pronunciación.
Pero más allá de estas formalidades, el bribri ofrece formas muy diferentes de entender las cosas. Si preguntara en esta sala cuál es género de una piedra, los costarricenses contestarían que es femenina; los japoneses, me dirían que no tiene género, es decir, no es femenina, ni masculina. Pero, un hablante del bribri me diría que la piedra es de género redondo.
En bribri, los objetos no se clasifican según su género, sino según su forma. Una piedra es de género redondo, un pájaro es de género plano y un árbol es de género alargado. También hay clasificaciones para las personas, los paquetes, los racimos, las especies y los conjuntos. (Margery, 2005, p. xxvii) En realidad, esta forma de pensar se parece un poco al uso de sufijos de conteo en el japonés.
La forma de clasificar los sustantivos, también afecta el uso de los verbos. No se usa el mismo verbo si golpeamos a alguien con una piedra o con un palo.
Los verbos en bribri también presentan complejidad. Cuando el verbo en cuestión implica usar un objeto, se usa con un marcador demominado ergativo. Este marcador cambia si se están expresando emociones o acciones sin objetos.
Algunas de estas diferencias son complicadas, porque expresan una forma de pensar diferente a la que estamos acostumbrados ¿Por qué es tan importante diferenciar lo plano de lo redondo? ¿Por qué debo saber si mi acción implica usar un objeto o no? ¿Por qué hay formas diferentes de expresar el tiempo en cada lengua? No lo sé, pero quiero saberlo.
Una lengua es la forma en la que ciertas personas comprenden el mundo. Es su mundo. No podemos dejar que nuestro mundo desaparezca. Tampoco podemos dejar que el mundo de otros se esfume. Eso justifica los esfuerzos para proteger todas las lenguas del mundo.
Mientras nos apasionen las personas y su forma de comunicarse, podremos seguir adelante en el camino del multilingüismo. Conocer y amar la lengua de otros tanto como la nuestra es difícil, pero es un camino digno para llegar a entender a las demás personas.
El monstruo [Cuento]
Vos eras tan hermoso y yo tan estúpida. Con tus ojos grandes tornasolados de emociones, tus ojos que no mentían, al menos para mí.
Vos siempre tomabas, te encantaba tomar; y a mí me encantaba dar, por lo que funcionábamos perfectamente. Todo en este mundo era para mi pequeño monstruo, mi amado monstruo, mi dulce monstruo.
Eras afectuoso y tierno; con los abrazos también traías calidez y alegría. Sin embargo, eras… ¿cómo decirlo? Poco cuidadoso.Correteabas por ahí y de repente me dabas un manotazo en el brazo que dejaba un pequeño moretón, te lo decía y te enfurecías. Vos no tenías la culpa, por supuesto, vos eras solo un pequeño monstruo andariego que se había equivocado.
Te buscaba, te enseñaba el moretón del brazo y te entristecías. No querías acercarte, pero yo quería estar cerca de mi lindo monstruo de ojos grandes e iba a perseguirte. Te mimaba con mi otro brazo, el sano, y venías a jugar.
—No es muy afectuoso—comentaban quienes venían a verlo.
—Debe prometer que se portará bien—afirmaban otros, más severos.
Era cierto y no importaba porque eras mío, mi dulce y descuidado monstruo. Te encantaban los regalos, la comida y las palabras de afecto. Yo tenía todo eso. Te regalaba amor, te regalaba palabras y te regalaba mi corazón. Incluso a veces me traías algo para mí. ¡Cuánta alegría!
Eras tan dulce y al mismo tiempo tan poco cuidadoso. Un día, por accidente, me clavaste una de tus garras en la pierna, estabas tan asustado que fuiste a esconderte en la casa de los vecinos. Tuve que entrar a buscar por mi cuenta un vendaje, hacer un torniquete improvisado e ir a buscarte.
Estabas agresivo, como siempre, gritabas que era mi culpa por haberme metido en el camino de tu garra, porque vos no tenías la culpa nunca, vos eras solo un pequeño y dulce monstruo, tan precioso. Te enseñaba mi herida, mis lágrimas, te acercabas entonces convertido en un puño de tristeza y volvías a casa. En la noche, te pedía que me ayudaras a cambiarme los vendajes y solo te escondías para no hacerlo.
No te gustaba mirar mis heridas, incluso cuando te pedía ayuda con alguna pequeña cosa preferías escapar. Temía que huyeras para siempre de mí y te hacía comprender que no era tu culpa. Vos eras solo un pequeño monstruo descuidado, nunca me harías ningún mal. Te cuidaba.
Salíamos con la gente y éramos felices. Yo ocultaba lo mejor posible la fea marca de la garra porque no quería que juzgaran a mi inocente y dulce monstruo. No lo había hecho con intención, claro que no. Era un monstruo tan lindo…
La siguiente vez estabas jugando con tus amigos, traté de acercarme a ti y en un arranque de felicidad me enterraste la garra en el ojo.No te percataste, seguiste jugando con los otros y yo me arrastré a secarme el líquido. No veía bien y se hizo de noche. No llegabas. Aunque me sentía mal, salí a buscarte porque vos eras mi monstruo asustado, temía que huyeras.
Te encontré y estabas temible. Me enseñaste las garras y me hiciste unos raspones en los brazos, pero yo corrí a abrazarte. Eras mío, mi pequeño monstruo, jamás me harías daño. Excepto por el mechón de cabello que me arrancaste en un accidente y el aceite que me derramaste en un brazo y el corte de navaja en mi mejilla y cuando me mordiste el brazo para enseñarle a tus amigos cuan roja era mi sangre. Cada vez me prometías comportarte mejor y te creía, jamás me mentirías.
Tuvimos largas conversaciones y regaños para que miraras mis heridas. Eras poco cuidadoso, pero estaba segura de que antes de hacerme daño las recordarías. Siempre creí en mi amado monstruo.
Luego estuvo esa otra vez. Yo ya veía poco porque mi ojo nunca había sanado y, sin embargo, te molestaba cuando te pedía ayuda. Era de noche, caminaba tomada de tu mano y en un momento echaste a correr. Eras un monstruito tan descuidado… me arrastraste con vos hasta que te estorbé, entonces me tiraste y no pude levantarme. Me había roto una pierna. Vinieron a buscarme.
En la sala había murmullos acerca de mi pequeño monstruo, mi querido. Todos señalaban su mal comportamiento y yo escuchaba. Ninguno te entendía: solo estabas asustado. Te había regañado demasiado, era mi culpa. No había ningún motivo para mostrarte mis heridas anteriores. Esta vez sería la diferente, esta vez te preocuparías.
Cuando se fueron, fui a buscarte. Fue una lucha ardua,gruñías para que no te llevara a casa y en una de esas me mordiste. Afortunadamente, solo perdí el dedo meñique. Cuando viste la sangre te asustaste y regresaste a casa. Me até el trozo de dedo con un pedazo de camisa vieja, te pedí tu ayuda para hacer el nudo, pero te negaste. Fue muy tonto de mi parte, estabas asustado, no debí pedirte ayuda cuando estabas asustado.
Me gustaba mirarte con el ojo que me quedaba y soñar contigo. Ya no salíamos tan a menudo porque mi pierna no me dejaba caminar bien. Aún así, me encantaba abrazarte y permanecer aspirando tu perfume. Eras mío y solo mío, mi angelical monstruito. Si alguien te reprendía o te pedía ayuda, te molestabas, porque eras solo un monstruito.
Vos eras tan hermoso y yo tan estúpida. No lo vi venir, es cierto. Estabas tan dulce y tan afectuoso últimamente... Por eso no presentí nada cuando ese día te alzaste con todo tu cuerpo sobre mí. Me rebanaste la cabeza.
—Solo quiere sacarte la sangre e irse—decían algunas voces en mi memoria, quizá no estaban equivocados.
A mí me gusta usted [Dedicatoria]
En esta noche tranquila y sin luna solo quisiera decirle que a mí me gusta usted, usted y nadie más que usted en todo el mundo. Usted que jamás pensaría en mí, usted a cuyos ojos no existo. Vivimos bajo el mismo cielo y a ratos me consuela pensar que al menos una vez hemos respirado el mismo aire y compartido las mismas risas.
A mí me gusta usted, pero yo no le gusto, ni siquiera un poquito, ni siquiera una patita de hormiga, aún si fuera la hormiga más pequeña de todas las hormigas del universo. Y podría dejar de gustarme mañana, sin ningún esfuerzo, pero no quiero. Le confieso que me gusta nadar en ese mar de pensamientos llenos de su cara y escribirle historias. Todos aquellos a quienes he querido han sido dignos de una historia. Tengo problemas con las palabras, me gustan demasiado. Más que usted, sin duda, simplemente demasiado…
Un día de estos voy a escribirle la historia de un mundo donde todos, todos se encogieron y una patita de hormiga era la más grande de todas las cosas. Y ¿quién sabe?, quizá usted también quiera vivir en ese mundo tan perfecto, conmigo. Juntos en el mundo donde todas las cosas están hechas de palabras, donde respiramos el mismo aire y donde nos reímos juntos de nuevo.
A mí me gusta usted, pero yo no le gusto, ni siquiera un poquito, ni siquiera una patita de hormiga, aún si fuera la hormiga más pequeña de todas las hormigas del universo. Y podría dejar de gustarme mañana, sin ningún esfuerzo, pero no quiero. Le confieso que me gusta nadar en ese mar de pensamientos llenos de su cara y escribirle historias. Todos aquellos a quienes he querido han sido dignos de una historia. Tengo problemas con las palabras, me gustan demasiado. Más que usted, sin duda, simplemente demasiado…
Un día de estos voy a escribirle la historia de un mundo donde todos, todos se encogieron y una patita de hormiga era la más grande de todas las cosas. Y ¿quién sabe?, quizá usted también quiera vivir en ese mundo tan perfecto, conmigo. Juntos en el mundo donde todas las cosas están hechas de palabras, donde respiramos el mismo aire y donde nos reímos juntos de nuevo.
¿Cómo se siente graduarse? [Autobiográfico]
Desde el fondo de mi corazón puedo decir que al graduarse no se siente nada. No voy a adornar con palabras hermosas la noche en vela que nunca tuve o las lágrimas que felicidad que no me bajaron por las mejillas, porque al menos yo puedo decir que graduarse no ocasiona ninguna felicidad en absoluto.
Felicidad es ver salir el sol por la ventana y saber que usted terminó ese trabajo de gráfica a tiempo. Felicidad es lo que sentí cuando me saqué un 70 en el curso que juraba iba a perder. Las lágrimas las derramé cuando el encargado de comunicación de una ONG no nos contestaba. Las noches en vela fueron pensando si mi compañero iba a terminar la parte que le asignamos. Las mariposas en el estómago fueron antes de la exposición más chiva que habíamos organizado.
En comparación con todo lo que pasé antes, graduarse se sintió como si nada. Este fue un asunto de camino más que de metas. Mi camino fue increíble. Acompañé a dos generaciones de Relacionistas Públicos. Con unos crecí, a otros los vi crecer. Con unos viví la desesperación de no saber nada, con los otros viví la tranquilidad de poder darles una respuesta. A ambos llegué como la desconocida amargada que nadie se soporta y de ambos me fui como la muchacha que siempre cumple con su parte y que tiene tanta dureza como bondad en el corazón.
Las carreras son caminos que nunca se terminan. Cada una es ese pequeño mundo en el que conoces personas maravillosas que saben vivir, saben reír, saben llorar, ser egoístas,ser bondadosos, desgraciados, amables, sarcásticos y generosos. Y cada uno de esos pequeños mundos se cree el mejor y el irrepetible, y de verdad lo son.
He pasado mi vida universitaria orbitando por tres mundos diferentes. Lo que en algunos resultaba mediocre, en otros era sinónimo de excelencia; lo que en algunos era lo más increíble, en los otros era ridículo. Así tenías que camuflarte y sonreír cuando la gente ajena te reconocía como la filóloga sin entenderlo; o como la productora sin comprender la dimensión de lo que te decían. Porque solo los productores sabemos lo es ser productor; solo un filólogo reconoce a un buen filólogo y solo un RP ama a un RP en todas las dimensiones posibles.
Esta semana me dieron un título que, según dicen, me hace más RP que cuando me sentaba con Juan y Mauricio en el Depa a pensar una estrategia de tres patitas. Juro que no me di cuenta de cuándo ni cómo pasó, pero acá estamos.
A todos los que he conocido en esos pequeños mundos les pido que los sigan construyendo y que extendamos puentes entre un lugar y otro para visitarnos. La vida es hermosa y nuestra vida ahora es, en gran medida, la carrera que elegimos; hagámosla hermosa también.
Madres de Fuego y Agua [Dedicatoria]
La Madre de Fuego
Eres la madre de fuego, la que está hecha de fuerza y entereza. Eres el brillo, la energía y la furia concentradas en un cuerpo humano. Todo lo malo lo arrasas y todo lo bueno lo iluminas. Por eso yo estoy hecha de luz, porque salí de tus propias brasas.
A tu lado hay miedo y emoción, con el canto de tu presencia todo se mueve, porque lo haces moverse, aunque debas incendiar los muros con tu fuerza.
Eres la madre que todo lo hace, la que impone su huella.
Eres la madre de fuego, mi madre. A la vista de mis ojos, eres la diferencia entre la vida y la muerte.
A tu lado hay miedo y emoción, con el canto de tu presencia todo se mueve, porque lo haces moverse, aunque debas incendiar los muros con tu fuerza.
Eres la madre que todo lo hace, la que impone su huella.
Eres la madre de fuego, mi madre. A la vista de mis ojos, eres la diferencia entre la vida y la muerte.
La Madre de Agua
Eres la madre de agua, la que está hecha de calma y belleza. Eres la vida, la salud y la felicidad concentradas en un cuerpo humano. Todo lo malo lo limpias y todo lo bueno lo rescatas.
A tu lado todo es paz, con el canto de tu presencia el universo fluye, se desborda, cambia.
Eres la madre que todo lo florece, la que todo lo salva.
Eres la madre de agua, mi madre. A la vista de mis ojos, eres la diferencia entre la vida y la muerte.
A tu lado todo es paz, con el canto de tu presencia el universo fluye, se desborda, cambia.
Eres la madre que todo lo florece, la que todo lo salva.
Eres la madre de agua, mi madre. A la vista de mis ojos, eres la diferencia entre la vida y la muerte.
Pequeña carta de amor [Autobiográfico]
Mi futuro soy yo porque solo yo puedo definirme sin errores. Alrededor las cosas cambian y se desvanecen, los edificios se derrumban y las calles cambian de dirección. Al final solo yo prevalezco. Nunca muero.
En el futuro, jamás estoy sola, sino conmigo misma. Los sueños que construyo existen gracias a mí y a mi esfuerzo. Fui yo la que se trazó esta dirección del destino. Mi vida está resuelta porque yo misma la resolví de esta manera. Tengo la llave de todas las jaulas en las que me encierre.
Cuando traicionaste mi afecto, pude huir de ti y seguir caminando. Cuando me dejaste, no me morí. Cuando me abrazaste sorpresivamente en el teatro, la intriga por tus palabras nunca me pudrió por dentro. Cuando falleciste, yo seguí existiendo en este mundo a pesar de que me negué a esa posibilidad. Cuando te amé, no perdí mi dirección ni mi esencia. Cuando me confesaste quién eras realmente, te seguí queriendo con la misma desesperación. Cuando te abandoné, mis emociones siempre fueron encaminadas en la misma ruta. Cuando tus sentimientos no fueron iguales a los míos, nuestra amistad y el universo no se derrumbaron. Cuando traicionaste mi confianza, las heridas de mis brazos sanaron. Cuando te besé, no me consumí por tu aroma ni por mi pánico. Cuando no estabas ahí, seguí luchando por mi propia cuenta. Siempre seguí existiendo y siempre fui la misma persona.
Y, a pesar de lo egoísta de mis declaraciones, esta es la carta de amor más bella que jamás pudiera escribirte. Una carta para toda la gente que llegó a mi vida de alguna manera. Porque te digo que no soy tuya, que nunca te pertenecí, te perteneceré o te pertenezco. Porque te digo que si estamos juntos ahora es porque luchamos cada día por hacerlo y porque creemos que merece la pena.
El hilo rojo del destino va de mi meñique izquierdo a mi meñique derecho. Estoy condenada a un compromiso eterno conmigo misma, para toda la vida. Al final, siempre seré yo la persona que he estado buscando y siempre me encaminaré en la dirección que deseaba.
Yo soy yo independientemente de que me rechaces o me aceptes. Vos también, aunque a ratos te dé por negarlo, siempre has sido y serás vos, sin importar quien te acompañe.
Nuestra vida, querido, no podemos echarla a perder tan fácilmente.
Vos y yo podemos caminar de la mano y dejar que nuestros hilos del destino se anuden entre sí y formen cadenas de recuerdos entrelazados. Cuando nos sentimos un poco aburridos del ahora, nadamos en esa piscina de artificios rojizos y así encontramos la fuerza para continuar. Sos mía y sos mío en esos instantes que ya nadie puede robarme, porque fuiste vos quién me los regalaste. No podrías quitarme todo lo que me has dado, ni aunque te empeñaras con todas tus fuerzas.
Vos y yo no estamos encadenados con nadie más que con nosotros mismos. Al final del hilo rojo, está nuestro verdadero destino. Por eso, tenemos que luchar y esforzarnos y no creer que todos están encadenados a nosotros.
No estás atado conmigo, es cierto, pero puedo sostener tu mano para conservarte. Si algún día nuestros dedos se deslizan hasta separarse, seguiré siendo yo y seguirás siendo vos. De todos modos, ya eras tu propio futuro, incluso antes de que nacieras.
Guionista [Autobiográfico]
Había jurado nunca volver a escribir un guion en mi vida y había comenzado a odiar la ficción con todo mi ser. En el curso de guion de radio no podía obtener más de un siete aunque mi vida dependiera de ello. Comencé a decepcionarme de mí misma y a aborrecer todo lo que escribía. Todo estaba mal y todo era erróneo. Dediqué mi mente a ideas que no podían importarme menos para lograr escribir algo medio decente y aprobar. Asesiné todo mi amor por los escritos.
Se pueden imaginar mi desesperación cuando vi en mi plan de estudios el siguiente curso: Teorías y Técnicas del Guion Televisivo. Ya mi autoestima estaba lo suficientemente mal como para tener que enfrentarme a otra experiencia que asesinara el poco de guionista que me quedaba. Por eso, en la primera clase lo dije: “no me gusta hacer guion y mi objetivo es pasar apenas.”
Pero ahí estaba ella y ella no iba a permitir que fuera a darle algo tan mediocre. Mi profe del curso de guion de tele se llama Laura Ávila Tacsan y tenía algo que nunca me había encontrado antes: amor y respeto por los guiones de otros.
Esta no es una historia de como me volví buena guionista porque eso no pasó y probablemente no pasará nunca. Esta es una historia de cómo volví a amar los guiones y de cómo me senté a escribir hasta el cansancio una historia solo porque alguien me dijo que lo intentara cien veces, aunque las cien veces estuviera mal.
“Ame su guion, cuente una historia que quiera contar, escribir es reescribir, piense en sus personajes, identifíquese con su historia, escriba cada semana, crezca como guionista.” Con cada una de sus frases me hizo pensar que quizá yo podía hacerlo y que quizá había una razón para sentarnos y contar nuestras historias.
Ahora, hay dos motivos principales por los que escribo esto. El primero es que todos mis asuntos relativos a ese curso ya finalizaron definitivamente (no es que ando persiguiendo una mejor nota ni nada por el estilo). El segundo es que a veces no nos tomamos un momento para decirle a alguien “gracias” por hacer una diferencia en nuestras vidas o por cambiar lo que pensábamos.
Probablemente no vaya a ganarme el Oscar a mejor guion, pero probablemente nunca más volveré a dejar que nadie me pisotee mi autoestima de guionista. Porque cada vez que creamos una historia le damos vida a algo ajeno a nosotros y esa vida no debería, por ningún motivo, tener sentimientos a medias.
Así que sí, seguiré escribiendo muchísimas más historias de ahora en adelante y algunos serán obligados a leerlas. Ya que, en el fondo, yo también amo los guiones y los relatos, por difíciles que sean.
Preparación para una cita [Guion]
ESC 1. INTERIOR. NOCHE. CUARTO DE DAN
DAN (22 años, apuesto, alto) entra a la habitación desde el baño. Viene acomodándose la corbata y con el pelo despeinado. Usa camisa de manga larga, saco y corbata. Se coloca frente al espejo de la habitación, abre el tarro de gel y se pone un poco en el pelo, se peina hacia atrás.
Abre la primera gaveta del escritorio y saca un fino reloj plateado, lo observa por un momento con una sonrisa y luego se lo coloca en la muñeca. Se pasea frente al espejo y ensaya una pose galante, sonríe. De la misma gaveta, saca dos tiquetes para “Berlusquini, el Gran Mago del Fuego”. Los besa y los guarda en la billetera.
DAN revisa la hora en su reloj y camina hacia la puerta, coloca la mano en la manija y se detiene. Se devuelve, recoge un ramo de flores que está sobre la cama, abre la puerta y sale.
ESC 2. INTERIOR. NOCHE. CUARTO DE DAN
Se escucha una tos desde fuera de la habitación, el llavín se mueve, la puerta se abre y DAN entra lentamente. Tiene el pelo completamente despeinado, las puntas chamuscadas. Mientras camina, tose como si se ahogara, su ropa agujereada deja caer ceniza.
DAN avanza casi sin expresión en el rostro, toma asiento en el borde de la cama, se agarra la cabeza entre las manos, permanece así un momento. Desabrocha el reloj para quitárselo pero, cuando lo retira, el brazalete quemado se desprende y el artefacto se desmorona. Él se queda mirando los restos en el piso un momento.
DAN comienza a reír por lo bajo y luego suelta una carcajada descontrolada que llena toda la habitación. Un sonido de golpes y la indicación de silencio (shhh) atraviesan la pared. DAN intenta ahogar su risa hasta que calla.
Se echa hacia atrás y queda acostado en la cama, se pasa la mano por el cabello, le queda negra del carbón, se muerde el labio inferior, reflexiona un momento, sonríe. De inmediato, se levanta, saca el celular de su bolsillo y comienza a escribir un mensaje de texto.
El lugar misterioso [Guion]
ESC 1. FÁBRICA DE ENSAMBLAJE – INTERIOR/DÍA
DAN (30 años, fornido, piel blanca) toma dos piezas de una caja a su izquierda, las hace encajar con un giro y las coloca en una banda transportadora a su derecha. Toma otras dos piezas y repite el mismo movimiento de forma mecánica cuatro veces. Se escucha un grito de hombre, a lo lejos.
La banda transportadora se lleva la pieza a través de la habitación: es una pierna (plástica, de adulto, piel blanca). DAN extiende la mano hacia la izquierda para tomar otro par de piezas, pero la caja está vacía. Voltea a ver hacia arriba. Un ducto (metálico, ruidoso, sobre la caja) se agita y deja caer un grupo de partes. DAN toma un muslo y una pierna y los hace encajar, los coloca en la banda de la derecha.
Un grito de dolor se escucha a través de la fábrica. DAN voltea a ver hacia los lados. Debido a una pared, solo puede ver la cabeza de su compañero de la derecha y de la izquierda. Escucha unos pasos a lo lejos, voltea a ver hacia atrás, descubre a ANA (joven, con bata de médico y mascarilla) que ingresa a la sala de al lado. En la mano lleva una maleta (metálica, con agarradera, un vidrio externo a la mitad deja ver su contenido), una observación más detenida le permite ver que contiene unos tubos de vidrio rellenos de un líquido azul. DAN baja la cabeza y sigue ensamblando.
ESC 2. FÁBRICA DE EMSAMBLAJE – INTERIOR/DÍA
DAN extiende su mano hacia la izquierda para tomar una pieza, pero nota que la caja está vacía de nuevo. Voltea a ver hacia arriba y espera por un momento, nada ocurre. Un nuevo grito atraviesa la habitación. DAN desliza su mirada a través de la banda transportadora, que va a dar hasta la otra habitación. Voltea a ver hacia los lados, sigue sin poder ver a sus compañeros. Comienza a caminar con sigilo justo al lado de la banda. Conforme camina hacia la otra habitación los gritos se hacen más fuertes.
Comienza a caminar pegado a la pared y coloca su oído. Nota que, después de un sonido eléctrico hay un último grito de desvanecimiento y luego el silencio retorna, pero al momento, recomienzan los gritos. Choca con la manija de la puerta por la cual entró antes ANA. La observa un momento, voltea a ver a sus compañeros de trabajo, siguen concentrados, coloca la mano en la perilla y la empuja. Voltea a ver hacia los lados y se cuela en la habitación.
Una luz azulada casi lo enceguece, el cuarto es una compleja red de bandas transportadoras que van a dar un núcleo principal donde se está armando el producto final. La máquina principal (metálica, de dos metros, emite luz azulada) deja abrir sus puertas y exhibe su producto principal: un hombre idéntico a DAN.
DAN voltea a ver hacia las paredes y descubre a los lados, en enormes vitrinas de cristal, hombres idénticos a él, completamente desnudos. Un grito llama su atención y descubre al hombre que acaba de salir de la máquina. Horrorizado, observa como una guarda lo electrocuta con taser y el hombre se desmaya. La máquina principal empieza a emitir ruido.
DAN se voltea con cara de espanto y descubre a ANA detrás de él. Intenta articular algo, pero ella lo ataca con el taser y DAN cae desmayado a sus pies.
Notas de música [Cuento]
La puerta frente a la que estamos en este momento huele a té recién hecho. Me sostenés con una mano varonil que no le hace justicia a tu nombre de nena. Isabel, no podés conquistar a una muchacha solo con notas de música.
Pero ella, además, no es una muchacha promedio. Alta, madura y plana como una tabla; con unas manos cuidadas, de uñas perfectamente esmaltadas. De mirada inteligente, entra a la tienda y sabe de inmediato lo que quiere.
En el estante central, tenemos una fina guitarra barnizada que fue hecha por las manos de un artesano. Esa mujer, como tantas otras, queda maravillada por su brillo de espejo.
Al principio, la considero una muchachilla de colegio, común y corriente. Sin embargo, con voz firme y ojos fijos te confiesa que ama ese instrumento tan hermoso, capaz de gemir con el más ligero roce. La magia de sus palabras estremece todo mi cuerpo.
Vos le das vueltas a la tienda y pasás frente a mí varias veces. Se marchan. Te olvido. Me hago a la idea de que no volverás.
Pero un día, suena el escandaloso timbre de la tienda, venís envuelto en una sueta grisásea. Asumo que venís a comprar esa guitarra para ella. Me sorprende encontrar tus ojos clavados en mí y me tomás entre tus brazos.
¿Acaso sos idiota, Isabel? Es que cierto que soy una guitarra, ¡pero soy una guitarra eléctrica! Una muchacha tan elocuente, de manos finas, jamás va a dejarse conquistar por un rockero.
Y aún así, llevamos cinco años juntos. Rozás mis cuerdas hasta que tus dedos sangran y, como el hombre más idiota del mundo, te proponés conquistarla con una única canción.
Creo que nunca sabremos si nos ama, sin embargo, estamos frente a esta puerta: la guitarra eléctrica y el hombre con nombre de nena.
Pero ella, además, no es una muchacha promedio. Alta, madura y plana como una tabla; con unas manos cuidadas, de uñas perfectamente esmaltadas. De mirada inteligente, entra a la tienda y sabe de inmediato lo que quiere.
En el estante central, tenemos una fina guitarra barnizada que fue hecha por las manos de un artesano. Esa mujer, como tantas otras, queda maravillada por su brillo de espejo.
Al principio, la considero una muchachilla de colegio, común y corriente. Sin embargo, con voz firme y ojos fijos te confiesa que ama ese instrumento tan hermoso, capaz de gemir con el más ligero roce. La magia de sus palabras estremece todo mi cuerpo.
Vos le das vueltas a la tienda y pasás frente a mí varias veces. Se marchan. Te olvido. Me hago a la idea de que no volverás.
Pero un día, suena el escandaloso timbre de la tienda, venís envuelto en una sueta grisásea. Asumo que venís a comprar esa guitarra para ella. Me sorprende encontrar tus ojos clavados en mí y me tomás entre tus brazos.
¿Acaso sos idiota, Isabel? Es que cierto que soy una guitarra, ¡pero soy una guitarra eléctrica! Una muchacha tan elocuente, de manos finas, jamás va a dejarse conquistar por un rockero.
Y aún así, llevamos cinco años juntos. Rozás mis cuerdas hasta que tus dedos sangran y, como el hombre más idiota del mundo, te proponés conquistarla con una única canción.
Creo que nunca sabremos si nos ama, sin embargo, estamos frente a esta puerta: la guitarra eléctrica y el hombre con nombre de nena.
Ismael [Microrelato]
Tú, probablemente decepcionar es el primer verbo que aprendiste y sin duda lo pusiste en práctica toda tu vida. Siempre haces promesas que no puedes cumplir, sonríes y derrites a cualquiera con una mirada llena de mentiras.
Pero aún así, en medio de tantas miradas falsas, de vez en cuando tienes una verdadera para mí, únicamente. Me haces sentir especial, me haces sentir que importo, me haces sentir que tengo el control de lo que está pasando, excepto cuando estoy debajo tuyo.
Lo que tenemos en común es que ambos somos las putas de nuestros padres, ¿cierto? Trabajamos todo el año, 24 horas al día y sin derecho a sueldo. Solo de vez en cuando, para las fiestas de invierno o alguno de nuestros cumpleaños, nos escapamos de todo esto y somos solo tú y yo. Por primera vez, dormimos con alguien por quien sentimos algo.
Pero aún así, en medio de tantas miradas falsas, de vez en cuando tienes una verdadera para mí, únicamente. Me haces sentir especial, me haces sentir que importo, me haces sentir que tengo el control de lo que está pasando, excepto cuando estoy debajo tuyo.
Lo que tenemos en común es que ambos somos las putas de nuestros padres, ¿cierto? Trabajamos todo el año, 24 horas al día y sin derecho a sueldo. Solo de vez en cuando, para las fiestas de invierno o alguno de nuestros cumpleaños, nos escapamos de todo esto y somos solo tú y yo. Por primera vez, dormimos con alguien por quien sentimos algo.
Prilia [Microrelato]
Vos, realmente tenés la sonrisa más reconfortante del mundo. Incluso cuando me estoy deshaciendo en lágrimas, llegás y me secás las mejillas con el borde de la sueta y todo parece estar bien repentinamente.
Vos sabés acariciar el cabello con delicadeza y, sin importar la circunstancia, siempre olés rico y siempre tenés las monedas que me hacen falta para el bus. Vos nunca dejás de sonreir y a tu lado el mundo va perfectamente porque no hay nada malo contigo ni con lo que te rodea.
Sos como una pared, ¿sabés? Porque siempre me puedo apoyar en vos, pero al mismo tiempo no puedo saber qué hay dentro. Sin importar lo que suceda, siempre soy la estúpida chiquilla llorona a la que ayudás y en quien no podés confiar nada. Sé que en el fondo no soy nada para vos y aún así, desesperadamente te amo.
Vos sabés acariciar el cabello con delicadeza y, sin importar la circunstancia, siempre olés rico y siempre tenés las monedas que me hacen falta para el bus. Vos nunca dejás de sonreir y a tu lado el mundo va perfectamente porque no hay nada malo contigo ni con lo que te rodea.
Sos como una pared, ¿sabés? Porque siempre me puedo apoyar en vos, pero al mismo tiempo no puedo saber qué hay dentro. Sin importar lo que suceda, siempre soy la estúpida chiquilla llorona a la que ayudás y en quien no podés confiar nada. Sé que en el fondo no soy nada para vos y aún así, desesperadamente te amo.
La tierra [Microrelato]
La tierra debe ser un órgano de un cuerpo inmenso que llamamos universo. Por eso, no conocemos nada fuera de esa frontera, excepto que de ella dependemos.
La tierra debe ser, de hecho, un órgano en el que se desarrollaron células cancerígenas, llamadas humanos.
Los ahogados [Microrelato]
Vos y yo éramos iguales, mientras nadábamos en ese abismo sin fondo.
De vez en cuando sentíamos que nos ahogábamos y se nos olvidaba cómo nadar de nuevo. Buscábamos un flotador que nos salvara de hundirnos y nos aferrábamos a él. Así éramos, felices en ese abismo de oscuridad y burbujas, atados a algo que nos auxiliara.
Pero ese flotador no nos hacía ascender, no nos empujaba. Al principio insistíamos en que lo hiciera, porque nosotros nos seguíamos ahogando. Y él no nos rescataba. Nos desesperábamos, comenzábamos a patalear por nuestra cuenta. Nadábamos. E incluso así, no podíamos alejarnos del flotador, porque el miedo nos seguía atormentando. El solo recuerdo de ahogarnos nos enloquecía.
Lo que no sabíamos era que el flotador no podía sacarnos, ni ahora, ni nunca. Podíamos cambiar de flotador cuanto quisiéramos, pero seguiríamos nadando en la poza sin fondo eternamente. No debimos enamorarnos del flotador, sino de nuestras propias piernas.
Pero ese flotador no nos hacía ascender, no nos empujaba. Al principio insistíamos en que lo hiciera, porque nosotros nos seguíamos ahogando. Y él no nos rescataba. Nos desesperábamos, comenzábamos a patalear por nuestra cuenta. Nadábamos. E incluso así, no podíamos alejarnos del flotador, porque el miedo nos seguía atormentando. El solo recuerdo de ahogarnos nos enloquecía.
Lo que no sabíamos era que el flotador no podía sacarnos, ni ahora, ni nunca. Podíamos cambiar de flotador cuanto quisiéramos, pero seguiríamos nadando en la poza sin fondo eternamente. No debimos enamorarnos del flotador, sino de nuestras propias piernas.
Feliz día de la Madre [Microrelato]
Nadie debería poder presenciar la vida entera de otro ser humano. La sacaste de tu propio cuerpo para traerla a este mundo y la metiste en una caja para enviarla al siguiente. Tus manos están llenas del vapor de dos deidades opuestas.
Hoy te sientes una sexta parte menos madre que hace un año. Y esa parte vacía sabe a formalina y pesa como nicho de concreto. Nunca esperas que la rosa que sembraste se marchite en tus manos. Nunca esperas regalarle un rosario mortuorio a quien antes te marcó el vientre con cicatrices de espinas. Te prometieron que se verían las caras del otro extremo del vidrio. Te mintieron.
La caja está llena de brotes frescos, nadie más que tú los cuidaría. No se debería poder presenciar la vida entera de otro ser humano. Pagas con tu sufrimiento la tarifa por ser un testigo prohibido.
Sabes qué día es hoy, lloras en la mecedora de madera mal secada. Desde la ventana del corredor del frente, sentada a la par del rosal anaranjado, el brillo de la guadaña te saluda con un grotesco “Feliz día de la Madre”.
Hoy te sientes una sexta parte menos madre que hace un año. Y esa parte vacía sabe a formalina y pesa como nicho de concreto. Nunca esperas que la rosa que sembraste se marchite en tus manos. Nunca esperas regalarle un rosario mortuorio a quien antes te marcó el vientre con cicatrices de espinas. Te prometieron que se verían las caras del otro extremo del vidrio. Te mintieron.
La caja está llena de brotes frescos, nadie más que tú los cuidaría. No se debería poder presenciar la vida entera de otro ser humano. Pagas con tu sufrimiento la tarifa por ser un testigo prohibido.
Sabes qué día es hoy, lloras en la mecedora de madera mal secada. Desde la ventana del corredor del frente, sentada a la par del rosal anaranjado, el brillo de la guadaña te saluda con un grotesco “Feliz día de la Madre”.
Sandalias nuevas [Microrelato]
Hoy me compré unas sandalias nuevas. Es un hecho relevante.
A partir de ahora, esas sandalias dejarán de pertenecer a la colección del mundo y pertenecerán a mi colección. Conocerán a mis otros zapatos, irán conmigo a la universidad y yacerán al lado de mi cama. Conocerán a mi novio cuando él me esté ayudando a buscarlas en la habitación.
Cuando muera, si es que muriera pronto, mi padre se las regalará a una de mis amigas y ella las llevará a pasear a lugares diferentes a los que yo iba. Dejarán de pertenecer a mi colección y pertenecerán a la colección de mi amiga.
Hoy me compré unas sandalias nuevas.
A partir de ahora, esas sandalias dejarán de pertenecer a la colección del mundo y pertenecerán a mi colección. Conocerán a mis otros zapatos, irán conmigo a la universidad y yacerán al lado de mi cama. Conocerán a mi novio cuando él me esté ayudando a buscarlas en la habitación.
Cuando muera, si es que muriera pronto, mi padre se las regalará a una de mis amigas y ella las llevará a pasear a lugares diferentes a los que yo iba. Dejarán de pertenecer a mi colección y pertenecerán a la colección de mi amiga.
Hoy me compré unas sandalias nuevas.
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