Durante años me atormentaron el pasado y el presente, unidos en una intermitencia errática de la que nadie pudo arrancarme. Un libro en el que no teníamos que vernos ni hablarnos, porque solo éramos personajes. Un libro de secretos y una casa llena de fantasmas.
Pero los fantasmas éramos nosotros dos, en todas las etapas de nuestras vidas. Corriendo siempre en direcciones opuestas, sin tocarnos. Atravesábamos cortinas de aire mientras nuestros recuerdos se traspapelaban a través de las sombras que dejaban entrar las luces de las ventanas. Éramos adultos y éramos niños. Éramos una mentira, dos muchachos que olvidaban.
Pero la invocación de un libro me hizo real, con voz, con ojos, con labios, con manos; con toda la agonía de todas esas correrías por la casa. Entonces me doy cuenta de que solo con usted el pasado y el presente son la misma cosa. Solo con usted el tiempo se descompone en fragmentos y se reacomoda como queremos; las piezas del rompecabezas toman sentido. Me deshago en letras para viajar por los ríos de Kafka, de Borges, de Lovecraft y por los suyos.
"Algún día voy a encontrar a alguien como usted", esa era mi promesa; o quizás, solo quizás, lo encuentre usted.